Todos sabemos que hacen las mujeres en el baño cuando van juntas. Una aguanta la puerta mientas la otra micciona sin sobresaltos, se sujetan entre ellas el bolso, abrigos o hasta la faja si fuese menester y se dan mucha mucha conversación pero ¿qué hacen los hombres? Normalmente vamos solos al baño y claro, alguna vez necesitamos que nos “echen una mano”. ¿No me creéis? Aquí hay un ejemplo
Si eres una de esas personas que desprende glamour no creas que estas a salvo de perder toda esa elegancia y saber estar porque un descuido, tan sólo décimas de segundo, puede hacerte que sufras el mayor ridículo de tu vida…menos mal que la chica de este anuncio tuvo ese descuido en casa…no me imagino las risas de la gente si la pillan sufriendo esta serie de “descuidos”…
Se me saltan los lagrimones al leer esta historia de Wardog tan buena, que no tengo nada más que añadir.
Vaya como homenaje a todos los compañeros de soporte técnico…

El trato con lusers una tarea que requiere de habilidades que se han de adquirir con el tiempo. No es que sea algo complicado, pero hay que desarrollar el tacto. Para saber si la hostia se la das en la cara o es mejor castigarle el hígado.
Con el tiempo, uno aprende a reconocer el tipo de luser que tiene delante- o al otro lado del teléfono- sólo con escucharle durante treinta segundos. Es tiempo mas que suficiente para saber si es imbécil hasta hacer que te preguntes cómo puede seguir vivo y con todas las extremidades completas; si es un peligroso luser-pro convencido de que saber pronunciar “password” y “dirección IP” le convierte en un experto en informática que puede permitirse poner en duda tu juicio profesional y un poquito el sentido común. Treinta segundos son más que suficientes para identificar a uno del género Tolotuerzo, identificable porque, dadas tres intrucciones simples relacionadas con alguna tarea de ofimática, por ejemplo, pueden descompensar el clima con tal brusquedad que se desate un maremoto en Valladolid. El modelo “Anarrosa” te cuenta su vida como si de ello dependiese la solución a sus tribulaciones. Cada administrador de sistemas tiene su propio faunario, o incluso su propio jardin botánico de lusers en los casos más extremos. De hecho yo cuido de de varios ficus con gafas y de media docena de acelgas con corbata.